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Hoy al llegar a la escuela

escuché tu voz

mientras estaba escuchando música con un audífono,

caminé y te encontré,

no me molesta verte

ni me incomoda,

simplemente recordé.

Hablas demasiado fuerte

y me volviste tan débil,

seguí escuchando mi música

pero también te seguí oyendo,

esperaba que contaras algo lindo,

el como ha ido tu vida,

que ha pasado,

cuales son tus sueños,

en quien te convertiste,

pero era la conversación de siempre,

quejidos.

Sabes que no soy de extrañar

te lo dije demasiadas veces antes,

así que no lo hago,

a veces, tal vez, pueda de echar de menos algún momento,

nuestras locuras, aquellos recuerdos,

tanto que olvido la razón.

Mantengo nuestras conversaciones

pero no voy a ellas,

por que fui yo quien te dejo de hablar,

no es que te odiara o dejara de querer,

fue en defensa propia

antes de uno de tus tantos ataques,

fue por amor propio.

He visto nuestras fotos,

quisiera meterme en la fotografía

y capturar la verdad,

todo estuvo,

pero decidí seguir siendo,

te mostré mi mejor yo.

Sé que he sido culpable de ciertas cosas,

como el de no saber expresarme,

el callarme para no dañar al otro,

y por cosas así, sigo rota.

Te he dedico una sonrisa sincera

después de toda la tragedia que hemos provocado

y el drama en donde me has puesto.

Jamás regresaría

pero espero que te lleguen cosas buenas.

Realmente te deseo lo mejor

porque en el fondo, sé que lo mereces.

 

Yo solo escribo, mi historia y tu interpretación de la poesía pueden ser distintas, pero siéntete libre de compartirme tu interpretación, opinión, la frase que más te haya gustado o lo que quieras en los comentarios. Gracias por leerme.

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Orfandad, 1941.

En esta orfandad ¿quién se quedará?, ¿qué me quedará en el alma fúnebre: otra muerte? ¿Quién me tomará en los brazos?, ¿acaso has olvidado a tu propia hija?, ¿en qué pecho descubriré mi propio latido?

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