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Amor, odio y obsesión

Amor a los mensajes largos,

a las cartas escritas a mano,

a las tardes nubladas,

a las noches estrelladas,

a los amaneceres desde mi ventana,

a la luna en cualquiera de sus facetas.

Amor a la pizza,

a la bonita poesía,

a las canciones con buenas frases,

a las películas reflexivas,

a los libros imaginarios,

al mar y el amar.

Amor a la humanidad,

a los valores,

a las personalidades,

a las actitudes,

a las almas,

a los corazones,

a las miradas,

a las sonrisas.

Amor a la escritura,

a los detalles,

a mí misma

y a la vida.

Amor a la buena compañía

y la soledad tan querida.

Amor a la amabilidad,

a los que aún saben respetar.

Odio hacia la crueldad,

al veneno,

a los que atacan,

a los que me despiertan,

a la falta de palabras

y a la nada de acciones.

Odio hacia mi cobardía,

a la timidez,

al miedo,

a los traumas.

Odio hacia la superficialidad

y a la vez, superioridad.

Obsesión por los

corazones rotos,

los días fríos.


Obsesión por las tazas vacías,

pero las sillas con presencias

aquellas que llenan de vida

o hacen que no sea tan pesada la carga.

Obsesión por las nubes

y encontrarles formas

cuando se forma mi sonrisa.

Obsesión por las miradas

y adicta a unos ojos cafés.

Amor hacia todo lo que inspira, motiva,

a todo lo parecido al arte

o lo que nos hace transformarnos en alguna obra.

Odio hacia demasiadas cosas

que buscan la perdición,

que encuentran que alguien se sienta nada.

Obsesión por lo que me haga aliviar la realidad,

aquello que me da otro punto de vista

y me hace creer en algo más, tal vez inexistente.

La lista es larga y jamás acabaré,

la vida es corta

pero descubriré más.

 

Yo solo escribo, mi historia y tu interpretación de la poesía pueden ser distintas, pero siéntete libre de compartirme tu interpretación, opinión, la frase que más te haya gustado o lo que quieras en los comentarios. Gracias por leerme.

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Orfandad, 1941.

En esta orfandad ¿quién se quedará?, ¿qué me quedará en el alma fúnebre: otra muerte? ¿Quién me tomará en los brazos?, ¿acaso has olvidado a tu propia hija?, ¿en qué pecho descubriré mi propio latido?

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