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Ante mí (está una polilla)

Ante mí está una polilla,

lleva una estrella con ella

arrastrándola creyendo que la ha librado de su destino

y a la vez creyendo que ella se transformará en una libélula.


Ante mí está una polilla

trayendo una estrella con ella

¿o es solo su estela?

ella ve un sol

en cualquier farol

y a mí me consume la ilusión

que jamás te incendió.


Ante mí está una polilla

arrastrando una estrella con ella,

mostrándome en donde la luz se guarda

entre la oscuridad que nos aguarda.

Ante mí está una polilla

que le falta parte de su ala,

danza inquietamente a la mitad de la noche,

¿está tomando el control ante lo perdido

o está buscando lo que quedó atrás, alrededor de sí misma?

Huyendo de la oscuridad

se posa ante mí,

¿acaso no lo sabe?

no, y no seré yo quien se lo haga saber,

no la dañaré.


Va de un lado a otro creando círculos

y no sé si son como espirales o tornados,

sea lo que sea, la noche cae

y con ella, todo lo que soportamos,

le pido a Dios que se apiade de ti.


Va de un lado a otro creando círculos

y no sé si son como espirales o tornados,

sea lo que sea, la noche cae

y lo que sentimos nos quiere elevar,

¿hay una cima a la cual llegar?

llegué a un lugar para ver algún tipo de luz

y hoy estoy bastante lejos,

pero aún recuerdo cómo solía brillar,

ojalá fuéramos esa polilla

para ir en busca de esa luz.


Da vueltas y vueltas,

la sigo con la mirada

y mi pupila se dilata,

extiende el espacio con su danza,

me trata de llevar a otro lugar

sin sacarme de acá.


Ante mí está una polilla

y a mi lado está un poemario de David Huerta,

él dijo que “duele menos el tiempo

en el resplandor de la danza”,

y tú, polilla, extiendes tus alas

abrazando al viento para no sentirte sola,

pero aquel foco solo proyecta tu sombra.

Das vueltas como las manecillas,

das vueltas jugando con el tiempo

que nunca está en nuestras manos

ni se detiene en nuestros pasos,

el tiempo que solo encuentra los lugares en medio

de nuestro cuerpo

haciéndonos viejos

y nunca más sabios,

porque no sabemos cómo vivir a través de él,

y con miedo de quedarnos ciegos ante la luz,

ni siquiera abrimos los ojos.

Ante mí está una polilla

y mientras trataba de posarse en mi foco prendido,

me trajo luz,

por un instante, delirante.

 

Poesía escrita hoy, 7 de noviembre a las 12:00 a.m. mientras estaba en el escritorio leyendo al gran David Huerta, ocupando toda la luz que luego tuve que compartir. No sé si hubiese estado haciendo otra cosa o nada, hubiera escrito una poesía a una polilla. Ahora sí, como diría Pinocho, "Ok Polilla" mientras me pega el cigarro que (no) estoy fumando.

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