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Aprendiendo

Aún tengo arrepentimientos,

pero he estado aprendiendo de ellos.


He dejado el orgullo a un lado

porque nunca me llevó a ningún lado.


Aún tengo batallas,

pero me he quitado la armadura,

no significa que me rindo,

solo que ya aprendí que yo no soy mi enemiga.


He sido una enigma,

pero sé que me descifras con mi poesía.


Las llamas del infierno siempre me llamarán,

escribieron mi nombre a través de las cenizas,

creí que ya no había nada de mí,

así que lloré en un vacío hasta que lo llené.

Le he dado la libertad a mi corazón para expresarse

y los latidos dejaron de sentirse como golpes contra mi pecho.


Sé que querré a alguien más de lo que lo quise a él

y sé que jamás me volveré a permitir quererme menos,

porque merezco el mismo amor que le trato dar a los demás

y ese aprendizaje jamás será demasiado tarde.


Me he mudado a un rincón donde puedo soñar

porque en mi habitación aún habitan pesadillas,

pero jamás hubo monstruos debajo de mi cama,

solo que el vacío de la cama me hacía sentir tan pequeña.


He aprendido de mi mamá

que no importa lo roto que esté el corazón,

cada latido puede ser un abrazo.

He aprendido de mi corazón

que la sangre es la tinta,

pero el sonido de los latidos se pueden convertir en una voz.

Hace unas noches dormí en mi antigua habitación,

las estrellas que mamá colocó en el techo ya no brillan,

sentí raro estar ahí después de tantos años,

el espejo ya no reflejó la imagen que siempre vi,

ahora puedo ver claramente a través de mí.

No recuerdo los sueños de mi infancia,

pero aún no me desprendo completamente de mi inseguridad

y la pesadilla que me hizo vivir.


En mi casa había una habitación sagrada,

le pertenecía a Vick,

estaba llena de muebles y recuerdos del ayer,

mi abuela jamás pudo pronunciar su nombre sin llorar,

así que prefería no hablar de él,

cuidaba cada cosa de Vick como si fuera un tesoro

y nadie parecía lo suficiente afortunado como para tenerlo.

A mis 10 años le dije que quería cambiarme de habitación

y ella me dijo que la habitación de Vick sería mía,

cambié los muebles, pero aún sigue el mismo papel tapiz,

la historia siempre continúa.

En mi antigua habitación ella solía quedarse a dormir conmigo

cuando estaba de visita en mi casa,

dulces sueños son aquellos días,

siempre que despertaba había una almohada protegiéndome por si me caía

y aunque me hubiera gustado verla cada mañana,

sonreía porque sabía que era amada.


Cuando me cambié de habitación

ella jamás quiso dormir conmigo,

recuerdo la primera noche,

yo tenía la cama más grande

y dijo que a la mitad de la noche volvería hacia ella

porque no podría dormir,

me espero esa noche y no volví,

así que fue a mi habitación y me vio dormir,

dijo que me veía muy pequeña,

pero yo era la pequeña más pequeña de las pequeñas,

tener que crecer sin ella fue la parte más difícil de mi adolescencia.


Volví a mi antigua habitación solo por una noche,

la cama no se sentía pequeña, solo vacía,

así que coloqué una almohada en la orilla como ella lo hacía,

pero no fue para protegerme,

sino para hacerme creer que aquella almohada era su cuerpo

y cuando desperté mi mamá estaba en el patio,

justo como en aquellas mañanas cuando ella regaba sus plantitas,

los pájaros cantaron más y mi corazón lo sabía.


He estado pensando en mi vida,

tratando de aprender de mí,

porque quiero ser mejor,

aunque por mis errores no parezca merecerlo.

Mi memoria me ha llevado hasta mi infancia

y aún recuerdo los rostros de mis primeros amigos,

aunque nunca hubo fotografías

porque solo vivíamos el momento,

desearía haberme quedado solo un segundo más

para grabarlo por toda la eternidad.


Crecí varios años con mi mejor amiga de la infancia,

recuerdo que a nuestros 15 años ella lamentaba haber crecido,

porque los secretos familiares se convirtieron en gritos en su cabeza,

no podía escapar de la verdad.

Nuestras vidas eran muy distintas,

pero nuestras mamás eran amigas,

ambas crecimos de prisa

y a la vez, estuvimos detenidas,

espero que ella también haya sanado.


He vuelto a leer mi poesía de hace unos años

y me es inevitable no sonreír,

porque me doy cuenta de mis cambios,

no me refiero como poeta, sino como persona.


En febrero hablé con Eduardo con mi corazón roto en la mano,

estaba cansada de nosotros o de lo que aún había en mí de él,

le mostré mi poesía donde preguntaba en donde había ocultado su ser,

me permitió expresar cada sentimiento o emoción,

desde mi gratitud hasta mi decepción,

desde mi inseguridad hasta mi enojo,

nunca ha sido un secreto,

él ha sido en el único hombre que realmente he confiado.

Su espacio vacío me llenó de dudas

y escribir poesías jamás será una respuesta,

aunque esté llena de verdad.

Creí que él se enojaría conmigo por todo lo que le dije,

porque las personas suelen tomar las palabras como reclamos

en vez de mirar los sentimientos que se esconden detrás de ellos,

pero a él le agradó la honestidad que tuve conmigo misma y con él,

él dijo “no me enoja que aparezcan cuestionamientos,

solo me importa que cada vez salgan muchas más emociones de tu corazón,

de tu ser”

y creo que me ha ayudado a validar mis sentimientos y expresarlos.


Mi camino está hecho de huellas y tropiezos

y mi mar está hecho de olas que jamás regresan y la brisa que aún espera.


Las llamas del infierno siempre me llamarán,

pero he aprendido a respirar.


Siempre he sido insegura,

solo que de pequeña la vida era más sencilla,

pero estoy tratando de abrir mi ser,

no me importa si luce como una herida,

soy querida.

He apagado mi lámpara de estrellas

y se encendieron mis ojos negros,

las noches dejaron de ser una batalla,

pero aun así me quedaré toda la madrugada.


He dejado el orgullo a un lado

y sé que aún hay personas de mi pasado a las que me quiero acercar,

pero no todos creen en las segundas oportunidades.


He estado aprendiendo

y solo quiero que sepas que lo estoy intentando.


He estado aprendiendo a quererme

y estoy intentando ser mejor.

 




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