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Cigarro y bolígrafo / Alejandra

Alejandra,

nadie se libra de ser abandonado,

pero solitos nos hacemos presos

esperando a que vuelvan.


Dime, si no es agotadora la esperanza,

¿por qué cae la arena del reloj?

En este caída, ¿en qué nos podemos aferrar?

Hasta el viento golpea y derrumba el otoño de nuestra alma.


Todos nos sentimos solos,

¿acaso somos más afortunados

los que realmente lo estamos?

Dime, ¿cómo alguien te hubiese podido salvar?

Un cigarro en la mano

y el bolígrafo en el otro lado,

no pasa nada si te equivocas

y escribes con las cenizas,

encuentro mejor tinta allí.

Sostuviste tu eternidad

cuando dejaste caer tu vida.

Tal vez el vacío no es la soledad,

sino uno mismo.

Ningún grito salva, ¡no!,

en el grito se mueren las palabras,

pero tú les diste vida,

allí estará guardada tu gracia melancólica.

No estoy abrazando a esta soledad mía,

pero estoy en medio de ella

y la única manera de rodearla

es sosteniéndome.

No hay lluvia que pueda apagar un fuego,

¿qué pasa con los que arden o se ahogan por dentro?

Como tú y como yo,

¿qué nos pasará?

¿terminaré como tú?

¡Dios reciba a mi alma!


Danzamos en el resplandor

para olvidar la caída del sol,

llega la noche y no trae más que heridas

que dicen que mañana se curarán

y es una mentira más.


Vibra todo por los fuegos artificiales,

tantos colores en el cielo

para decorar nuestra miserable neblina.

Alejandra,

¿las nubes de hoy te pudieron consolar?

Tantas formas en el humo

solo para sentir que no encajamos

ni en lo que atravesamos.

La lluvia o el llanto

para mí es igual ya.

Ha estado amaneciendo nublando,

¿otra vez te dormiste llorando?

Llegaré tarde a mi suicido,

tal vez la muerte llegue por mí antes

para dejar de torturarme todas las malditas noches,

para dejar de matarme y aun así seguir en el juego de la vida.


Muerte, ¿cómo vas a matarme?

Vibra mi corazón,

pero no le puedo dar ritmo a mis huesos,

mis venas están cansadas de traspasar la sangre

que siempre se quiere desangrar.

Alejandra,

me arrastran estas olas

y fui yo quien decidió ir al mar.


Algunos poetas compartimos distintas historias del por qué escribimos

y al parecer todos tenemos el mismo destino,

¡Qué dios se apiade mi alma!


Alejandra,

nadie se libra de ser abandonado,

solitos nos hacemos presos esperando

y si no es agotadora la espera,

¿por qué cae la arena del reloj?

Finalmente he entendido que a veces tener todo de alguien

es igual a tener su nada, completamente.


Entonces, ¿cuáles son mis opciones:

la locura o el suicido?

Bueno, nos vemos en el otro lado,

espérame con un cigarro y bolígrafo.

Háblame de la desesperanza,

que el silencio me llena de un escalofrío

y no sé si mi cuerpo se podrá salvar,

así que si me hablas de la desesperanza,

tendré una pequeña esperanza.


Créditos de la ilustración a: Pietro Tenuta (@maniacodamore)

 

Ando enamoradísima de Alejandra Pizarnik, podría escribir bastante sobre ella y tal vez lo haré, por mientras decidí escribir una poesía a ella, a una gran poeta. Su poesía inspira y lo mejor, sus palabras abrazan. No pongo frase de ella porque pondría casi TODO de su poesía completa, prosa completa y Diarios, pero sé que en otra poesía que aún está en borrador hablo un poco de ella.


¡Gracias por tanto dolor, Alejandra! Donde sea que estés.

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