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El cactus que floreció

He dejado de voltear hacia la puerta

esperando que llegues,

cada rincón de esta casa está lleno de ti.

Extrañarte no duele,

sonrío al recordarte.

Hay paz en tu ausencia,

aun si hace falta la paz que dabas.


Fuiste el amor más bonito,

mi corazón está lleno de tu gracia,

cada grieta es una sonrisa.

No pasa nadie por la ventana,

me quedaré con quien se refleja en el espejo.

No puedo ser quien conociste,

pero puedo reconectarme con mi ser.


Cuando se trata de ti,

soy la persona más feliz.

Eres la canción más bonita

que alguna vez pude escuchar,

tu ritmo sigue en mis latidos,

tu composición sigue en el corazón.

He podido abrazar el vacío que dejaste,

porque de alguna manera ahí te hospedaste,

pero habitas en más partes, de mí y de por aquí.


El vacío se convirtió en tu ataúd,

pero a mi me enterró,

pero sigues viva en lo que me hace recordarte,

incluso si ya no puedo vivirte,

seguiré compartiéndote de mi vida,

sigues aquí, en mí.

En tu silencio puedo escucharme,

y sí, he olvidado tu voz,

pero aún tengo mucho por decirte.


Este amor no se acabará

aunque tú no estés más.


No he vuelto a tener el mismo corazón que aquel que te amó,

pero te sigo amando.

Tal vez este amor no crecerá,

pero seguirá buscando formas

aun si se mantiene intacto,

solo tú tiempo se congeló,

pero sigues compartiendo de tu calidez, alma.


De nuestro jardín siguen brotando flores,

sirvieron mis lágrimas y estas ganas.

Eres el cactus que floreció,

el agua del desierto,

el amor que hace creer

y crea un mejor ser.


Si estuvieras aquí me pedirías que te recitará cada poesía,

pero empecé a escribirlas después de ti.

Tal vez si estuviera aquí

hubiese escrito pequeñas obras como lo hizo mi mamá

solo para haber actuado enfrente de ti,

pero cuando se trata de ti ya no pienso el hubiera,

me diste una historia digna de ser recordada,

ningún sueño puede hacerle justicia a lo bueno que fue,

ya no es una pesadilla despertar sabiendo que no estarás,

te guardo en el corazón, allí conservo el amor y este latir que me ayuda a seguir.


Lo que no pasó, no lastima ya,

prefiero acariciar lo que pasó,

abrazarnos realmente

aunque tu cuerpo no esté presente.


Y no, no fue suficiente,

pero fue toda nuestra vida

y agradezco todos mis días por eso.


A finales de marzo

mi mamá me regaló dos anillos

que eran tuyos,

he utilizado el verde porque era tu color favorito,

ahora llevo una parte de ti

a donde sea conmigo,

aunque siempre has estado ahí, en mí.


Me diste lo mejor de ti

y me amaste sin fin,

gracias por todo,

ahora debo entregármelo.

Gracias por enseñarme a vivir desde el amor,

tu amor es donde pertenece este corazón,

no es raro que sigas habitando en forma de latidos

para enseñarme a sentir lo que ya no puedo compartirte.






Anillo sin promesas, solo con memorias que siguen y seguirán en mí, por ti.

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