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Maniquí

Tomé tu mano

y no había nadie ahí,

maniquí.

Te quería de aquí a la luna

y también de vuelta,

pero cuando volví

tú ya no estabas.


Te dejé ir,

pero las astillas

siguen clavadas en mí.

Acariciaste mi existencia

y luego lastimaste mi vida.


No quiero que esto me vuelva más fuerte,

ni siquiera quiero volverme vulnerable ante alguien.

No debes preocuparte, ya tenía problemas para confiar

o generar lazos,

ahora ni siquiera me apetece tener interacción social,

¿cuál el puto sentido?

Y tú sabes que no es el miedo al abandono lo que tengo,

es otra cosa, te lo conté sin creer que le darías más historia,

no puedo culparte, este resentimiento es para mí.

Acariciaste mi existencia

y luego desgarraste mi alma.

Para esas madrugadas sin poder dormir

el alba no supo cómo consolarme,

pero tuve que levantarme

y luego supe que lo mejor que podía hacer era irme,

así que me fui,

aunque a veces desearía no haber estado ahí.

Dices que te alegra verme feliz,

¿nada se partió en ti al desgarrarme?

Me alegro que estés bien,

yo no sé.

Mierda,

a ti te solía contar lo que me dolía en mi mundo,

¿ahora a quién recurriré para decirle que me doliste un mundo?

No estoy buscando desahogarme,

solo dejar de ahogarme,

¡puta madre!

Juré estar exagerando

por culpa de haber estado sobrepensando,

le conté a alguna que otra amistad (de las que me quedan o hice nuevas)

y todos son tan diferentes entre sí,

pero opinaron lo mismo,

ahí supe que realmente la situación si estaba jodida

o yo era la jodida.


Acaricié tu existencia,

ahora mis manos están ocupadas

tratando de limpiar la sangre de mis heridas.


Créditos de la ilustración a: Aykut Aydoğdu (@aykutmaykut)

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