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Tedio

Nuestro tedio

no es un vacío,

¿qué sensación

iba antes de está irritación?

todavía siento el ardor,

solo he perdido el fulgor.


Nuestro tedio

no es ningún tipo de silencio,

ni siquiera es un malentendido,

mas se ha vuelto algo incomunicable,

¿y realmente queremos saber qué nos está sucediendo?

a veces lo que evadimos encuentra su propia revelación,

todos nuestros detalles perdieron el lenguaje,

tal vez nos hemos convertido en un hereje

confundiendo nuestras cruces con el blanco y disparando.


El tedio

no es el propio abandono,

es la sepultura sin abono,

¿y dónde quedo tu cuerpo?


El tedio

se volvió el biombo

y la única decoración que tiene

es de nuestras prendas,

¿qué es lo que divide nuestros cuerpos?,

¿qué daga atravesó a nuestra alma?,

¿qué sangre me devuelve a la vida

para verme masacrada?


Nuestro tedio se ha vuelto mi jaula

y, a la vez, es lo que me vuelve salvaje,

pero no tengo energía para replicarle.


Todas esas voces dicen mi nombre

y nada me llama,

estoy demasiado lejos

y a un solo paso de mí.


Mi corazón está en tus manos

solo porque encaja con tu puño cerrado

y mi corazón no ha sido más que un puñado de cenizas,

no importa si lo abres, no servirá de nada.


Alrededor de mi sombra

colocas velas

como si pudieras invocar mi alma

y en mi cuerpo derramas la cera

para que pueda sentir algo mi ser,

pero en el tedio

no puede existir algún hallazgo,

no hay algo

en él,

en mí

ni en ti.


 

Fernando Pessoa menciona mucho al Tedio y no es una palabra que yo utilice, pero la he leído tanto que tenía que mencionarla.


Aún no he acabado el Libro del desasosiego, es el libro donde más me he tardado, pero porque he cortado la lectura para leer otros libros, en estos días lo termino, espero, y sino igual esperaré. Realmente disfruto mucho leer a Pessoa, uno de los más grandes que han existido y existirán.


Sobre el tedio menciona, sobretodo en la parte 361, algunas cosas como:


El tedio... Sufrir sin sufrimiento, querer sin voluntad, pensar sin raciocinio.

Y es mi sombra íntima, en el exterior del interior de mi alma, donde se cuelan papeles o se clavan alfileres. Soy como el hombre que ha vendido su sombra, o como la sombra del hombre que la vendió.

Sí, el tedio es eso: la pérdida por parte del alma, de su capacidad para ilusionarse, la carencia, en el pensamiento, de una escalera inexistente por donde ascender sólidamente hasta la verdad.


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