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Triste canción de cuna

Hay una triste canción de cuna

que jamás te cantaré

y tú jamás le compartirás de tu sonrisa

tratando de darle un poco de alegría,

seguirá siendo una triste canción de cuna

para el sueño de la nada.


Hay una triste canción de cuna

que jamás te cantaré,

las ovejas que te ayudarían a dormir

volarán hasta a la luna

tratando de escapar del lobo,

él las encontrará

y aullará cuando la luna esté llena,

repleta de ellas,

estará dispuesto a cazar

hasta el mismo sangrar.


Hay una triste canción de cuna

que jamás te cantaré,

tendrá el ritmo de lo inmóvil,

la letra descifrará tus sueños

y cerrará a tus ojos infinitos

para que contemples el cosmos.


El viento jamás moverá a tu cabello

y las hojas otoñales no bailarán a tu alrededor,

así que las montarás

y parecerán alas,

brisas desplumadas.


Jamás te podré contar cuentos antes de dormir

así que nos mantendremos despiertas

y usaré la madrugada para escribir poemas,

te diré lo qué significan

y entenderás por qué no puedo darte la vida.


Nunca habrá una puesta de sol

puesta en tus ojos,

aunque si tuviera una hija

la llamaría Alba,

hay tres significados en el nombre:

mi abuela, Escocia y la certeza de un nuevo vida en la incertidumbre de la vida,

pero en dado caso, tú fueras más importante que todo eso,

creo, no creo comprobarlo.


Tu risa resuena,

pero no es un eco,

no, no lo es,

¿tu risa qué es?

¿de qué alegría proviene:

qué destino promete?

yo solo tengo una triste canción de cuna que ofrecerte

y pesadillas limpias porque te dormiste un segundo antes

de que el lobo atacará a las ovejas

que te guiaron a soñar.


(No) extensión mía,

¿te di mis partes rotas?

si algún día llegas,

espero haber roto varios ciclos

y haber sanado un poco más,

contigo o sin ti, estaré bien,

puedes acomodarme el corazón,

ojalá mi amor te pueda hacer crecer.


Hay una triste canción de cuna

que jamás te cantaré,

verás notas musicales sobre las estrellas de tu techo,

pintaré las paredes de tu habitación

y solo tú sabrás apreciar los colores de tus cielos,

serán tan brillantes como mi infierno.


Tal vez pensaré en ti,

aun si no tengo manera de recordarte.

La hija o el hijo que no tendré,

tú ni siquiera existes.


El nido está vacío,

no hay alas ni ramas,

vete a volar a otro cielo,

(no) me quedaré en medio viendo.

 

La semana pasada andaba leyendo el poemario La Llama de Leonard Cohen y en un poema escribió para el hijo que jamás tuvo (no haré comentarios de eso, porque para esa época él ya tenía dos hijos), así que yo quise escribir para aquel/lla que no tendré: Marvick y/o Alba.

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Orfandad, 1941.

En esta orfandad ¿quién se quedará?, ¿qué me quedará en el alma fúnebre: otra muerte? ¿Quién me tomará en los brazos?, ¿acaso has olvidado a tu propia hija?, ¿en qué pecho descubriré mi propio latido?

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